"No sé porque los científicos nos parecemos tanto,
dedicamos tantos años a nuestros laboratorios, que terminamos con la cara
chupada, los cabellos alborotados y las sonrisas endémicas". Jennifer
Doudna, Científica, premio Nobel de Química.
La vida lleva evolucionando en este planeta desde hace
más de tres mil millones de años y de repente una especie, "la
Nuestra", ha desarrollado el talento y la osadía, de controlar su propio
futuro genético.
Debemos modificar nuestra propia especie para hacernos
menos susceptibles a virus mortales. Las investigaciones sobre los prodigios de
la naturaleza siembran las semillas, muchas veces impredecibles para ulteriores
innovaciones.
La investigación sobre la física del estado sólido, en
un momento dado, llevó a la invención del transistor y de los microchips.
Asimismo, el estudio de un sorprendente método por el que las bacterias luchan
contra los virus, condujo al desarrollo de unas herramientas y técnicas de
edición genética, de las que los seres humanos se pueden valer en su propia
lucha contra los virus.
Estudiar los virus es fascinante dicen los científicos,
esos diminutos paquetes de material genético, que en esencia no tienen vida por
sí mismos, pero que cuando invaden una célula viva, se apropian de ella y se
multiplican y los que resultan más fáciles de estudiar son los
"fagos", una concentración de bacteriófagos que significa
"comedores de bacterias".
El descubrimiento de la estructura molecular del gen,
revela como se transmite la información hereditaria, de generación en
generación, esto lo expresaba el físico cuántico Erwin Schrodinger en su
tratado de biología, que denominó "que es la vida".
Una de las bacterias más agresivas que existen, entre
los setenta millones de bacterias que pueden invadir al cuerpo humano, se llama
Bacillus Cereus, que la podemos encontrar en el agua sucia, en el polvo o en
productos vegetales.
Este microorganismo, produce esporas resistentes al
calor que sobreviven a la cocción, existe en el arroz, el cereal que más
consumimos los humanos y sí este lo dejamos después de cocido a temperatura
ambiente, puede generarse el desarrollo de esta toxina y producirnos vómito o
diarrea.
Esta bacteria es de multiplicación rápida, muy
resistente y sobrevive al calor del cocinado inicial, por eso se recomienda
consumirse totalmente o introducirlo a la nevera a 3 grados centígrados antes
de las 2 horas de preparado, si lo deja a temperatura ambiente más de esas dos
horas, consumirás un arroz contaminado con esta bacteria.
La ciencia pasó de los métodos químicos a la
biotecnología que implica la manipulación de células vivas, mediante ingeniería
genética.
La científica que contribuyó con sus descubrimientos a
que científicos posteriores llegaran a la creación de la vacuna contra el COVIC
19, se llama, Jennifer Doudna, y expresaba " Yo estoy pensando en ciencia
todo el tiempo, siempre estoy sea como sea, con el laboratorio en la cabeza,
con el próximo experimento o con cualquiera que sea la pregunta a la que
tratamos de responder, manteníamos discutiendo sobre los acontecimientos
evolutivos que hoy habitan la tierra, es decir, en otras palabras, nos
inquietaba ¿cómo comenzó la vida?".
Jennifer Doudna, fue ganadora del Premio Nobel de
Química en el 2020, por su trabajo en la tecnología CRISPR, de modificación
genética. Su carrera posterior de la CRISPR al coronavirus, vendría a reflejar
la naturaleza global de la ciencia moderna, le fue asignada a Doudna, el
estudio de cómo las bacterias generan moléculas que son tóxicas para otras
bacterias.
"EL ADN". Los científicos asumieron que las
proteínas eran las portadoras de los genes, después de todo eran ellas, las que
realizaban la mayor parte de las tareas importantes en el organismo, después
terminaron por descubrir que esas moléculas están compuestas por azúcares,
fosfatos y cuatro sustancias denominadas "BASES" enlazadas en cadena
al ácido ribonucleico (ARN) y otra molécula similar, pero sin un átomo de
oxígeno, llamado ácido desoxirribonucleico (ADN). Para determinar la estructura
exacta del ADN, de cómo estaban los átomos que la conformaban y cuál era la
forma resultante que podría servir para tal aplicación, para esta grandiosa
labor se hizo necesario el encuentro de tres disciplinas que habían surgido en
el Siglo XX, La genética, la bioquímica y la biología estructural.
En la antigüedad la muerte se extendía en oleadas como
un incendio en una pradera, pero nadie sabía cómo y porqué y la más temible de
esas plagas era la viruela, pero apareció un científico rural llamado Edward
Jenner, a finales del Siglo XVIII, que se inventó la inoculación o principios
de la vacuna.
El año de 1716, llegó a Estambul un nuevo embajador
británico, Lord Montagu, su esposa había sufrido la viruela dos años antes,
ella sobrevivió desfigurada y un hermano de la misma murió. Lady Montagu,
esposa del Embajador, había aprendido por su cuenta, griego, latín y francés,
inoculó a sus hijos, pero ella no era la primera en usar este método europeo,
para prevenir la viruela, este sistema lo defendió enérgicamente frente a la
oposición de médicos y eclesiásticos.
Durante el resto de siglo fueron inoculados personajes
de alto rango como los reyes de Dinamarca y de Suecia, los duques de Parma y
Toscana lo mismo que la Zarina Catalina II. Lady Montagu, falleció en 1762,
ignorando que un chico de apenas 13 años, llamado Edward Jenner, iba a dar el
paso decisivo contra la viruela.
Edward Jenner, nació en 1749 en la pequeña localidad
rural de Berkeley Gloucester, fue aprendiz de un cirujano, estudió y practicó
en un hospital, se vino a la asociación médica local y publicó estudios
detallados sobre varias enfermedades, había sufrido la viruela en su infancia,
la cual le había dejado secuelas duraderas en su cuerpo.
Como le gustaban mucho los vuelos aerostáticos, en 1788
uno de sus globos se estrelló en la propiedad de un tal Anthony Kingscote, el
cual tenía una hermosa hija llamada Caterine, cuando Jenner, fue a recuperar el
globo y a disculparse, conoció a la hija del Señor y terminaron en una boda.
Durante la década de 1790, Jenner buscó
sistemáticamente el modo de proteger a la humanidad y librarla de esta
enfermedad que había tratado de matarlo en su infancia. Conocía la
"variolización", método antiguo de inmunización contra la viruela,
practicado siglos antes que las vacunas modernas, modo que consistía en
inocular a personas sanas con un material (pus o costras), de pacientes con
casos leves, su objetivo era provocar una infección controlada y por tanto una
inmunidad duradera, aunque conllevaba riesgos de severidad. Esta práctica dejó
con el desarrollo de la vacuna contra la viruela por Edward Jenner, a finales
del Siglo XVIII.
Como médico rural, investigó muy a fondo la viruela de
las vacas y a las personas que las ordeñaban, observando que los ganaderos que
rozaban con sus manos las pústulas de las ubres de las vacas enfermas,
contraían la viruela bovina que les provocaba ampollas en las manos, sin
embargo, cuando llegaban epidemias de viruela humana, sus familias se
contagiaban, pero ellos no.
El 14 de mayo de
1796, este dio un paso decisivo, extrajo pus de una viruela bovina y se la
inoculó a un niño hijo de su jardinero y al cabo de una semana, cayó levemente
enfermo durante un par de días, pero luego se recuperó.
Seis semanas después, Jenner lo infectó deliberadamente
con viruela humana, sin que le produjera ningún efecto, luego repitió este
experimento con otras 22 personas, ninguna de las cuales sufrió enfermedades
graves, ni murió.
A Jenner, lo tuvieron un tiempo en la cárcel por
imprudencia temeraria, pero al fin se descubrió la eficacia de la vacunación,
como quedó demostrado.
El descubrimiento fue recibido con entusiasmo, pero
también halló una dura oposición, tanto científica como ideológica, obispos
reaccionarios y filósofos ilustrados como Kant se opusieron a la vacunación.
De esta forma abrió sin darse cuenta la puerta al
desarrollo de otras vacunas contra enfermedades humanas usando microorganismos
atenuados o debilitados de algún modo.
Poco a poco esta nueva práctica se fue imponiendo por
toda Europa, en 1803 se creó en Gran Bretaña una Real Sociedad Jenneriana que
ofrecía de manera gratuita la vacunación contra una enfermedad que seguía
matando a unos 80.000 británicos cada año.
El año de 1800, la vacunación llegó a España, las
Filipinas, Macao, China, incluso a la isla Santa Helena, colonia británica. En
1806 Napoleón, ordenó la vacunación de todo su ejército.
Jenner, recibió títulos y honores por doquier, pero
siempre fue un hombre modesto. Regresó a su pueblito natal Berkeley, allí se
dedicó a ayudar a sus vecinos en sus problemas de salud, su esposa y uno de sus
hijos fallecieron de tuberculosis. El propio Jenner, sufrió una apoplejía que
lo dejó paralizado el 25 de enero de 1823, falleciendo al día siguiente a la
edad de 73 años.
En 1840 el gobierno británico, prohibió la técnica del
variolización y promulgó leyes para que toda la población fuera vacunada
gratis.
Para eso fue preciso esperar el descubrimiento de los
gérmenes.
Únicamente fue posible usar vacunas contra enfermedades
como la diarrea crónica intestinal, (1879), el Ántrax (1881), la rabia (1882),
el tétano (1890), la peste (1897). El último caso conocido de viruela, tuvo
lugar en Somalia en 1977.
Todo esto fue el legado de un modesto médico rural
inglés, llamado Edward Jenner.
BIBLIOGRAFÍA, "Código de la vida" de Walter
Isaacson.
Reproducido por: Abelardo Giraldo López. 02/24/2026.
